24 abril 2011

"..."



"... es un sueño, un sueño pavoroso. La vida."

Gladiator

20 abril 2011

...por favor, por favor, por favor...

[Clear eyes. Full hearts. Can't lose!
Friday Night Lights]


Si he de confesarme, debo decir que nunca he sido religiosa. No soy devota ferviente ni nada que se le parezca. De hecho, bien podría calificar como atea. Sin embargo, todas las noches, en ese momento en el que me debato a duelo con el sueño (o la ausencia de este), intento rezar. A mi manera. Porque mi fé se basa en hablar con aquellos que han dejado de estar. Porque mi fé se basa en conversar conmigo misma. Mi fé trata de poner en blanco mi cabeza, rememorando todo lo que tengo y todo lo que quiero. Porque ante todo, mi fé siempre ha tenido que basarse en el conocimiento que tengo de mi misma.

Doy gracias por todo lo que tengo. Porque soy afortunada. Porque tengo más de lo que puedo necesitar, más de lo que muchos otros tienen. Doy gracias porque tengo un techo bajo el que dormir, una casa en la cual vivir y comida con la cual mantenerme en pie. Doy gracias porque mi madre, que es lo único que realmente he tenido y tengo en la vida, está sana. Doy gracias porque ha sobrevivido a todo para estar conmigo hoy en día. Doy gracias porque por ella soy como soy, para lo bueno y para lo malo. Doy gracias por tenerla a ella como madre. Doy gracias porque tengo salud y porque con ella me planteo llegar a donde quiera.

Pido perdón por todas las cosa malas que pienso, hago o digo. Pido más perdón cuando las he hecho aún a sabiendas que está mal. Pido perdón por mi soberbia o por mi mala conducta. Pido perdón porque fallo como humana. Pido perdón por mis errores. Por los que he cometido y por todos los que me quedan por cometer.

Por favor. Por favor. Por favor...

Pido salud. Para ella, porque si ella está bien, yo sabré cómo seguir adelante.
Pido sabiduría. Para saber cómo reaccionar ante todo lo que pueda encontrarme en el camino.
Pido fuerza. Para sobrellevar todo aquello que en un principio pueda derribarme.
Pido entereza. Para mantenerme firme pese a todo.
Pido ayuda. Para saber cómo levantarme en los momentos en que caiga.
Pido paciencia. Para no desesperar.
Pido comprensión. Para aprender a no ser tan dura conmigo misma.
Pido un poco de orgullo. Para convencerme de que no soy todo lo malo que me creo.
Pido protección. De todos aquellos que nos miran desde donde sea y que saben quiénes somos realmente.
Pido compañía. Para no sentirme tan sola en el camino a lo que quiero.
Pido compasión. Porque creo que a veces la merezco.
Pido fortaleza. Para que este sea sólo el primer paso del resto de mi vida.

Y luego trato de tener en mente que cuento conmigo. Que sólo yo sé lo que pienso y lo que siento. Y más importante, lo que quiero. Que sólo yo sé cómo reaccionaré y qué haré. Me recuerdo que sólo tendré mis manos para levantarme a mi misma y quitarme el sucio que deja la caída. Y vuelvo a pedir el tener la fuerza y el ánimo suficiente para hacerlo todas las veces que sea necesario.

Porque si hay algo que he aprendido en estos veinticinco años es que con los ojos fijos en el camino, un corazón lleno de fuerza y con el ánimo siempre tocando a tu puerta, no es válido perder.

Por favor. Por favor. Por favor...

28 marzo 2011

...y comienzas a caminar

["...la ruina es el camino a la transformación..."]
"Eat, pray, love"

Imagina una pared en blanco. Tú. Y varios cubiletes de pintura a tu lado. Comienzas a pintar con tus colores favoritos. Rayas aquí. Allí. Bloques de color. Collage de emociones. Movimientos de brazo. La mano que flota. Ladeas la cabeza, una y otra vez, buscando encontrarle el sentido a tu obra. Tratando de encontrar al menos una pizca de magnificencia.

Llegan tus amigos, tu familia, y todos tienen una opinión al respecto. Está bonito. Les encanta. Quizás le falta un toque de esto. Una brocha de aquello. Todos tienen algo que decir. Y tú sólo tienes las ganas de callarte y deslizarte hasta un rincón para ver la función con los ojos del espectador. Porque tienes opiniones. Igual que el resto. Pero no las sacas a flote. A diferencia del resto.

Y llega un momento en el que, de ver el mismo cuadro todos los días, los mismos colores, el mismo olor, las mismas emociones (o la falta de ellas), te cansas. Sientes el peso sobre la espalda. Y te vas arqueando sin saberlo. Cada día te ves más redondo frente al espejo, pero sigues sin querer saber por qué. Aunque en el fondo (ese que roza más la superficie que cualquier otra cosa), sabes exactamente lo que pasa. Pero no quieres asumirlo.

Entonces día tras día comienzas un nuevo cuadro. El reto. Y el rito. De asumir nuevas posibilidades. En la búsqueda de la expectativa te miras expectante. Y sigues allí. Un cuadro tras otro. Pero a todos les falta algo. Lo mismo que al primero. Y sabes qué es. Pero de nuevo, no quieres asumirlo.

Ya ni te miras al espejo. Porque el peso sigue en aumento y es demasiado como para mover tu culo hacia un reflejo que no quieres ver. Sabes cómo eras. Y con eso te conformas.

Pero llega un día en que lo único que te provoca es reventar tu obra. Hacerla añicos. Volver al punto de partida. Así que te sientas durante horas a mirarla desde afuera buscando una perspectiva que te haga "quererla". Que te haga entender el por qué sería mejor dejarla así. Algo que te haga entender que "no tiene por qué cambiar".

Vas y vienes. Te sientas. Das una vuelta. Te sirves un café. Hablas con ella. Pero sigue sin responderte. Sin devolverte eso que te hace falta. Está allí inerte. Y tú allí también, con ella.

Poco a poco te vas cansando más. Tu cuerpo casi roza el piso. Hueles su sabor.

Entonces es allí cuando comienzas a llorar desconsoladamente. Te preguntas qué fue lo que hiciste mal. Te preguntas si realmente te mereces esto. Tratas de convencerte de que si. Por las cosas malas que pudiste haber hecho en el pasado. Y empiezas a rememorarlas. Tratas, luego, de convencerte de que no. Y te repites las cosas buenas que haces. Sin embargo nada es suficiente para sacarte de ese cuarto oscuro al que tú solo te has sometido. Y te invade la autocompasión. Porque siempre es más fácil jugar a ser la víctima.

Y allí sigue el cubilete de blanco. Llamándote en silencio. Instigándote a hacer eso que tanto quieres. Eso mismo que tanto te llena de miedo.

Ajá. El miedo. Mala cosa esta. El ver lo que hay. El ver lo que quieres. El ver lo que podría haber. O lo que no. El blanco. El vacío.

Tocas suelo. Ya es inevitable. Tu visión está constantemente de lado. Ya no puedes voltear la cara. Igual, aunque pudieses, no sabrías cómo hacerlo. Y no nos engañemos, quizás tampoco quisieras hacerlo. Así que te llenas de valor y coraje y te dices que ya es suficiente. Decides que este es el punto de inflexión. Ya no estás dispuesto a aguantar más. Te sacas las manos del bolsillo. Tomas el cubilete entre tus dedos. Lo miras. Miras tu reflejo en la superficie de la pintura. Te asombra lo que ves. Porque eres tú. En fondo y forma. Tal como eres.

Entonces, sin más, agitas el cubilete dichoso en el aire. Y la pintura sale disparada. Ni hablar del revuelo que causas. Desastre. La pintura rueda y cae. Hay gotas aquí y allí. Sobre tu ropa. Sobre tu cara. A tus pies.

Tu obra es una ruina. Y sin embargo continúas sonriendo.
El peso de tu espalda se ha ido. Estás erguido una vez más.

Tu gente, esa que antes te daba su opinión, te mira y todos se llevan las manos a la cabeza. Cada uno empieza a formular en voz alta eso que piensa. Eso que no saben callarse. Una vez más todos te dicen qué hacer. Pero tú lo sabes mejor. Porque estás cansado de escuchar. Y aún así, no dejas de escuchar esa voz que llevas dentro. Sabes lo que tienes que hacer. Te detonas a tí mismo. Dejas lo que solías ser. Dejas esa zona de comodidad en la que te habías recluido conciente y voluntariamente. Dejas de lado esa cosa que tan frustrantemente llamaste vida. Eso que te atormenta. Eso a lo que querías renunciar sin saber exactamente cómo.

Y así comienza todo. Cuando "suficiente" es realmente suficiente. Cuando te gritas "basta" a ti mismo. Cuando echas abajo todo lo que tienes, todo lo que has hecho, todo aquello por lo que has trabajado. Todo, todo se va abajo. Y tu tan contento. Y sigues asumiendo que la realidad siempre va a ser más fuerte que tú. Que te va a golpear por todos los frentes. Pero prefieres ser valiente. Porque te cansaste de forzarte a ti mismo a asumir la mierda por el miedo al cambio. Esos días ya se han ido.

Porque ya no hay más ruina que aquella que te arruinaba. Ahora sólo queda el cambio. Y la transformación.

Y sólo te importa una camiseta, un jean y tus brochas.
Cierras la puerta, botas la llave y comienzas a caminar.


18 febrero 2011

...dejar de ser la presentadora de este circo.

Dejar de coleccionar especímenes que flotan en el vacío de las circunstancias. En un mar alado de malos recuerdos, que navega y surca los aires sin rumbo ni destino. Dejar de rememorar recuerdos antiguos que se pierden en la masa de tu cerebro. Dejar de saborear olores por el simple placer y gusto de hacerlo. Dejar de llorar cada vez que cruzo la esquina. Dejar de abrir más los ojos para que quepan más lágrimas, y que ninguna se lance al vacío.

Vacío es lo que siento. Vacío es lo que tengo.

Unas manos vacías. Cuadernos vacíos. Historias vacías, con principio y sin final. Ideas vacías que van y vienen, que ríen y sueñan, que luego despiertan. Dolor vacío. Del que duele y no convence. Orgullo vacío. Del que ni tú mismo te crees. Conversaciones vacías. Gente vacía. Lugares vacíos. Mis bolsillos vacíos.

Dejar de hacer notas mentales. Dejar de imaginar historias imposibles. Dejar de ser la chica de este, la amante de aquel, la hija del que se fue. Dejar de mirar. Bajar del autobús. Dejar de ser la que dejan. Dejar de recolectar animales salvajes que se pierden en la jungla por la que diariamente camino.

Dejar de intentar el amaestrar pulgas. Ellas brincan y bailan a su ritmo. "Niet te doen!". Dejar de meter mi cabeza en la boca del león. Dejar de reír por chistes vacíos. Dejar de pintar mi cara para camuflarme en el show. Abandonar la costumbre de dejar que los payasos jueguen conmigo.

Dejar que el viento arrastre todo. Dejar que el agua corra por los cuerpos. Que caiga el maquillaje. Que la ropa se haga insoportablemente pesada. Deshacerme de todo. Lo que no hace falta. Lo que no se usa. Lo que no sirve. Lo que no devuelve. Lo que no responde.

Entregarme al vacío. Aventurarme en él. Saber qué se siente. Acariciar su espacio. Oír su eco. Oler su presencia. Perderme. Vaciarme.

Dejar de ser "buenecita". Porque no quiero serlo.
Dejar de ser aquella a quien dejan con las manos vacías.


...dejar de ser la presentadora de este circo.

02 febrero 2011

"...para Germán, en quien habla la luz."

"Querido Germán:
(...) creí que debía esperar el momento oportuno. Pero temo no poder estar aquí cuando llegue.
Esto es lo que tengo que decirte. Nunca he conocido a ningún pintor con mayor talento que tú, Germán. Tú no lo sabes todavía ni lo puedes entender, pero está en tí y mi único mérito ha sido reconocerlo. He aprendido más de ti de lo que tú has aprendido de mí, sin tú saberlo (...) La luz habla en tí, Germán. Los demás sólo escuchamos..."

["Marina" de Carlos Ruiz Zafón. Pág 67]

No, no son mis palabras. Pero están escritas casi para la misma persona. Un german singular como ninguno. Particular como nadie. Y tan único como el más grande.
Porque en tí mi querido germanh también habla la luz, siempre.

Feliz cumpleaños.

28 enero 2011

...so true!

"Abandon the search for God... instead, take yourself as the starting place."

The Lost Symbol - Dan Brown

27 enero 2011

...aw!


Miguel:
ese miedito que te da antes de saltar al vacio, antes de salir con un chico, antes de un examen... ese miedito que te recuerda que la cosa es en serio. ese mismo miedito que no es lo suficientemente grande como para frenarte.
yo lo que digo es que si nunca tuviste miedo, como sabes si eres valiente?




...son cosas que te dicen cuando te rodeas de gente grande!

30 diciembre 2010

...porque desde ahora comienza la cuenta regresiva.

...y aquí estoy, un 30 de diciembre, 16.38h, pensando en las cosas que uno quiere y que , cuando llegan, te afectan más de lo que piensas.

Ella llevaba once años trabajando en la agencia. Puedo asegurar que en más de una ocasión quiso salir corriendo de aquí y mandar todo a la mierda. Más de una vez la oí gritando por los pasillos, presa de una indignación más fuerte que ella, de una rabieta que se la comía. Sin embargo hoy la veo llorando. No sé si por tristeza o por felicidad. O por ambas. No sé si por miedo o por expectativa. O ambos.

Sólo sé que me hace pensar en esas cosas que tanto queremos, en eso que tanto deseamos, en eso que cuando llega no sabemos asimilar. Pienso en todas las veces que he querido salir corriendo de aquí. Todas las palabrotas que he vociferado mañanas o tardes. Pienso en las lágrimas que han corrido por mis mejillas maldiciendo todo esto, todo lo que me ha pasado este año, el anterior a este también. Pienso en cuando he querido devolverme a mi país, por miedo, por impotencia, por resignación, por buscar un lugar que sé tampoco estará allí esperándome si decido volver.

Cuando voy a su despacho a despedirme, la veo con los ojos llenos de lágrimas atrapadas. Me regala unas buenas palabras. Me infunde ánimo para seguir aquí. Me dice que lo estoy haciendo bien. Me da dos besos. Me despido.

Cabizbaja vuelvo a mi despacho, a mi mesa. Y me prometo a mi misma no perder la calma, pensar en que más pronto de lo que pienso yo también estaré despidiéndome, porque será hora de volver a partir. De recoger mis cosas una vez más y salir con la cabeza en alto aún cuando sienta que la vida la llevo atada y arrastrando detrás de los pies. Me prometo pensar en este momento cada vez que quiera llorar, cada vez que quiera vociferar, cada vez que me pase por la cabeza el absurdo de volver a Caracas.

Aquí estoy, un 30 de diciembre, 16.54h, pensando en las cosas que uno quiere y que, cuando llegan, te afectan más de lo que piensas. En esta nota no habrá propósitos de año nuevo. Esos nunca los cumplo. Esto es sólo un post-it mental. Un recordatorio al cual volver en los malos momentos. Este será el espejo al cual mirar cuando pierda el rumbo, porque me hará pensar en lo que debo construir de ahora en adelante. Y porque, por muy mal que lo pase a ratos, sé que algo extrañaré de aquí cuando me vaya. Esto es sólo mi promesa. Una promesa para mi misma.

...porque desde ahora comienza la cuenta regresiva.

23 diciembre 2010

...hace un tiempo

...él dijo

German: creo que pasa que amanecí con la cabeza llena de pajaritos technicolor
Yo: y te los tumbé del árbol verdad?
German: y los derribaste a todos con escopeta para elefantes


...lo siento, a veces tengo ese efecto.


12 diciembre 2010

(...)

- I guess I'm just looking for a reason...
- Well, from my observations, sometimes is better of not knowing. And other times there's no reason to be found...

[My blueberry nights]