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10 junio 2015

...el gran cómo de este momento


...en un mundo en el que la vida se mide con cosas materiales: qué cargo ocupas, qué carro manejas, qué marca de reloj te da la hora, qué zapatos marcan tus pasos, cuántos ceros tiene tu cuenta de ahorros, qué tan inmortal es tu apellido, etc., cómo se supone que debes sentirte al tener casi treinta años y no tener trabajo, no tener carro, no tener casa y ser una inmigrante más?

...dónde comienzas a reparar tu vida, cómo te levantas de nuevo?

...qué es lo que te puedes decir a ti mismo para salvarte de ese monólogo autodestructivo que suena en tu cabeza sin cesar? cómo detienes esa cinta sonora que repite que no eres nadie, que no has logrado nada en tu vida y que lo único bueno que podrías hacer es desaparecer?

...cómo dejas de sentir impotencia y rabia, soledad y decepción? cómo te sacas de la cabeza esa idea de buscar la manera menos dolorosa de acabar con tu vida tal y como la has vivido hasta ahora?

...este es el gran cómo de este momento.


22 mayo 2012

...ay, éstos días!

...y hay días en los que estás harta de todo, de todos y hasta de tí misma!
...animalismo salvaje que trepa en tu cerebro...

...menos mal pasan rápido (o, al menos, hay que ser optimista y esperar que así sea)

...lo que daría por eliminar el mundo con una goma de borrar.
...y luego, tan feliz, sonreír.

...ay, éstos días!



03 agosto 2010

...random

Tengo seis años y me escondo en el armario. Vivo con mi abuela en una hacienda. Cuando no me subo a los árboles de pumarosa, suelo jugar en uno de los cuartos de huéspedes. Hoy soy doctora. En estos momentos estoy haciendo una operación muy importante. Le salvo la vida a una de mis muñecas. Estoy en el quirófano. Por eso me escondo en el armario. Salgo. Cierro la puerta circunspectamente. Me dejo el estetoscopio al cuello. Me quito los guantes. Mis manos se abren camino entre los bolsillos de la bata mientras le digo a los padres imaginarios que su hija estará bien porque la operación ha sido un éxito. Sonrío. Ellos también. Paso de nuevo al quirófano. Quedan muchas vidas por arreglar. Y no me queda mucho tiempo. Pronto será hora de que mi abuela me llame para almorzar.

Ya no tengo seis años. No puedo esconderme en un quirófano imaginario. Ni en un armario vacío. No puedo hablar con gente que no existe. Ni puedo enyesarle el brazo a una muñeca de trapo.

Qué irónico pasarte la niñez salvándole la vida a tus juguetes y llegar a los veinticinco teniendo una crisis existencial en la necesitas ser arreglada tú misma. Por un soldadito de plomo al que le pesan demasiado los pasos. O por un hombre de hojalata que, al igual que tú, busca un corazón.

...¡pero sigue haciendo frío!

...está haciendo frío. mucho frío. si. ¿pero es aquí solamente o afuera también? abro un ojo. no era solo en mi sueño. de verdad hace frío. ¿dónde está la manta? continúo. 6 am. despertador. luz. la comida del perro. la cama. cinco minutos más. 6.05 am. de nuevo, abrir un ojo, abrir el otro. un pie al piso y luego el otro. pantalón. chaqueta. hace frío. la correa del perro. girar la llave. abrir la puerta. el ascensor. descender. otra puerta. y otra. la subida. ¡qué frío hace! y pensar que horas más tarde habrá, al menos, veinte grados más. ésto es increíble. espero. samy termina. la bajada. una puerta y la otra. el ascensor. subir. abrir la puerta. quitarle la correa al perro. enciendo la luz del baño. fuera los zapatos. fuera los pantalones. la camisa. desodorante. ¡dios, qué cara llevo hoy! 6.20 am. a la cama. cinco minutos más por favor. ciclo infinito. abrir un ojo. y luego el otro. 6.40 am. ¡mierda! ¿qué me pongo? hace frío. cierro la ventana. mi mamá no deja de parlotear. de preguntar. de ir. de venir. no tengo hambre. no quiero desayunar. no me he levantado en mi mejor día. mi cabello va a su bola. como siempre. hoy no controlo nada. y mi cara y mi cuerpo cada vez están peor. sólo quiero dormir. no quiero vestirme. no quiero salir. todo me molesta. no me gusta esta ropa. afuera la camisa. afuera la falda. este pantalón. con esta camiseta. con esta chaqueta no. con esta si. las sandalias. cambio de cartera. adentro el ipod. la llave del despacho. la agenda. el móvil. 7.15 am. la espera. esta mujer que se atraviesa y no me deja ver. no sé si viene el bus. 7.25 am. me subo. el ticket. el ipod. la que se sienta a mi lado. abre una donut. me repugna. no es hora de comer. quiero vomitar. llego. 7.55 am. el de administración. odio que se parezca a gian. ¿por qué me acuerdo de él? ¿por qué me dejó así? ¿por qué si no hice más que portarme bien con él? hace frío. entro al edificio. saludo a marcelo. el ascensor. el corredor. la mujer que limpia. entro al despacho. reviso el correo. no hay nada. leo el periódico. la peli de bansky. el mono de germanh. sonrisa. va llegando la gente. y yo sigo queriendo irme. quiero que acabe el día. ¡pero sigue haciendo frío!

16 junio 2010

"No I can't help myself
I can't help myself
I still love to wash in your old bathwater"
[No Doubt - Old bathwater]


Cosas del pasado. Gente con la que solía salir. Cosas que usualmente hacía. Momentos extraños. Lo que haces aquí. Lo que dejas pasar. Eso que quieres y eso que no.

Sumergirse en recuerdos. No llegar a ninguna parte. Nada bueno. Nada malo. No devuelven el tiempo. Ni el de antes. Ni el que pierdes ahora. Meterse en una bañera llena de aguas turbias donde el todo se mezcla con la nada.

El tiempo te azota la mente. Te da una bofetada. Te despierta. Tienes al frente eso que no tuviste. Lo que echaste en falta. Aquello que dejaste. El daño que hiciste. Lo que pudiste haber tenido. Lo que eres ahora.

Un viaje al centro del vacío. Souvenirs que se esfuman con la brisa.
Una vieja bañera impregnada de recuerdos turbios.
Te ahogas tú mismo.

Y en un intento desesperado por despertar, sólo queda halar el tapón y esperar a que, por fin, el resto se vaya por la cañería.

29 marzo 2010

...paréntesis

...ya el tacto se ha disuelto. No es palpable ni presente. Ya no hay manos para tomar y enlazar. Y la visión se va nublando tras la ausencia. Ya no hay besos ni miradas fortuitas. Ni hay paseos por las calles de piedra. No hay visitas a lugares desconocidos. Ni comidas a la luz de la noche. No hay caricias para preceder al beso. No está la mano que navega en el cabello. Ni la boca que, a tientas, busca a la otra para fundirse. No hay tacto. Se ha disuelto. La mano está vacía. Nada por tomar. Los ojos sin nada que observar. Y ahí está. Un cuerpo inerte y suspendido en la nada. Una memoria con recuerdos que van desgranando el alma. Lo que fue y lo que dejó de ser. Lo que no es y lo que no será. Y el cuerpo sigue andando. Pero necesita más. Anhela una mano para sentir. El tacto por las calles de piedra. Por los lugares desconocidos. Las comidas a la luz de la noche. El beso que fue. La mirada. Las caricias. El encuentro y la entrega. Y es que necesita que el tacto sea tangible. Y que se haga presente. Y la ausencia se disuelve.

12 marzo 2010

...del cómo y del qué

... y te preguntas si algún día ese vacío se llenará, si completará una figura física o etérea, tangible o visible. La pregunta continúa hasta hacer insoportable su presencia. Se hace agobiante la ausencia de lo que falta.

Entonces se cae en cuenta de la tendencia explícita y simplista que hay, en general, a aceptar las cosas a priori y sin importar mayores conclusiones. Un desorden mental y accidental que te hace ser egoísta para contigo mismo. No encuentras, ni eres encontrado por, lo mejor.

Ir por la orilla izquierda de la calle, sin pensar que quizás por la derecha encontraríamos vida en esas gotas que inundan nuestros cuerpos de agua. Algo simple. Lo que pudiese cambiar el ritmo de las cosas.

Pero hay un ancla que lleva abajo demasiado tiempo. La admisión, y resignación, de la derrota. Llamar una cosa por otra que no es su nombre. Evitar confusiones que puedan aclarar el panorama al punto de dejar de ser parte y testigo clave en el protagonismo de la propia realidad.

Y todo el problema está en partir de principios impuestos por conveniencia. Tonta astucia. Vivir lo ajeno. Dejar lo propio. Apartarse de las explicaciones. Del cómo somos. Del qué pensamos.

...lo que falta

Las cosas son como son, pero nada tiene realmente sentido hasta que se comienza a vivir aquello que nos es desconocido. Nuevos amaneceres. Nuevos atardeceres. Minutos y horas en autobuses que hasta hace nada no nos pertenecían. Nuevas autopistas. Nuevos acentos. Formas de vestir, pensar y comportarse. Palabras sutilmente alargadas.

El agua lo cambia todo. Una extensión lo suficientemente grande situada entre un punto A y un punto B y que, a su vez, convive con el resto del abecedario en el medio. Todo cambia. Absolutamente todo.

Los nuevos oficios o la falta de ellos. La culpabilidad. Sentirse monigote. Un saco de papas incapaz de valerse por sí mismo. La vida que se voltea de un salto y que te asalta por sorpresa.

Poco a poco te conviertes en un cazador de miradas que se cruzan fortuitas en un vagón del metro. Sin vergüenza comienzas a buscar signos que te hagan entender que, a simple vista, eres uno más del montón. Que nadie se percata de que, en efecto, estás allí. Que no eres otro elemento más de este decorado vital.

Las cosas excepcionales dejan de serlo. Están allí y ya. Punto final. Sin más. Sin menos. Rutinas que se diferencian de las anteriores. Ahora todo es nuevo. Y aún así, la reminiscencia del ser se acostumbra a ver lo que no está. El vacío. Lo que falta.