Mostrando entradas con la etiqueta ...inventaris. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ...inventaris. Mostrar todas las entradas

14 febrero 2012

...times are changing

...sólo a modo de nota mental para recordar siempre este día.
...mi carta de despedida...

Dear all,

The time to leave has finally come and a part of me finds it really difficult as it's a mix of different feelings at the same time. It's like a weird confusion, really hard to explain.

I just wanted to say thank you for these seven months I spent with you all. Danone was a very important pillar in this new life I've decided to start here in The Netherlands. You will always remain in my mind as my first team, as this was the company which gave the first opportunity to this girl who changed the tropic and the sun for the cold and rainy weather just for the fun, and the love, of doing it. I certainly have to thank you all for the good moments, for the amazing details and the encouraging words. To the kindness of those gentlemen (specially Stephan ... and Tom ...) whom, without even knowing me at all, were always so polite to give me a "good morning" and a shinning smile, thank you as those simple words and those special smiles were key to brighten up the gray days.

To my team of ladies: the dearest Murielle, Bri, Conny, without your help and caring support this would have never been the same, thanks for giving me the best of you. To my foods team, I learned a lot with you, you cannot imagine, and I will be forever grateful for that. Willem and Enrique, infinitas GRACIAS (infinite thanks) for your patience during our december madness and my constant doubts and mistakes regarding PO's. Thanks for understanding that I hate numbers and, of course, Excel.

To my favorite argentinian lady, gracias por los ratitos de espanol en los pasillos :) y por el chimichurri que esta buenisimo, visteeee?

I'm changing all this for chasing a personal dream. To continue with the search that brought me here on the first place. Nevertheless, I will always keep you as a very special memory and as a keepsake of all the good things still to come. You helped me with my first step. Now is time to keep walking.

As I hate good byes, I will give you all a "see you later", a short "hasta luego", as good people is always welcomed back in our lives no matter the path we will be on. So I hope to see most of you once again (or twice, or many many times).

For those who will like to keep in touch, I will leave my contact details here below.
For the rest, thanks once more and see you later.


My best regards today and always,

Cindy.


...las cosas si pueden cambiar :)
...feliz Valentín a mi y feliz nueva vida...

...times are, definitely, changing...

24 agosto 2011

*...si tan sólo pudiésemos creer todos!


"El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.
"

[Eleanor Roosevelt]

*...si tan sólo pudiésemos creer todos!


13 agosto 2011

...y en esas intermitencias, se le va la misma.

...ella aprieta esa crayola en sus manos, como si se le fuese la vida en ello. Y lentamente, con trazos tímidos, dibuja en ese plano de un blanco cegador una completa sucesión de puntos. "Uno por cada historia" -, se dice a sí misma, "...y uno por cada momento de euforia por venir". Ya no es cuestión de dividir entre bueno y malo. O entre feliz y triste. No. Ya eso queda atrás.

...ella va trazando pequeñas líneas. Se estremece cada vez que esa punta afilada desgarra la virginidad del papel. Después de todo, allí está suspendida su historia. Esa que cuenta sin contar nada. Esa que sólo es un algo desarmado. Esa que son puntos. Ligereza. Esa que en vez de ser un trazo completo y continuo, es un simple espacio ocupado de forma intermitente.

...ella dibuja de aquí para allá, porque de allá para acá sería lo contrario. Y las cosas deben tener un orden. Aunque al final sólo te desordenen la mente. Y sigue rasgando suavemente el papel mientras se esconde tras la punta de su crayola.

...ella se sienta horas y horas, tratando de divisar formas. Trata de hacer puertas. Ventanas. Salidas. Puntos de fuga. Y de escape.

...ella decide que esos trazos serán el mapa de su vida. Sin embargo la crayola es del mismo blanco del papel.

...y en esas intermitencias, se le va la misma.


12 agosto 2011

...¡Ooooohhhh crap!

Nota mental:

"...developing an emotional peanut allergy..."

¡Ooooohhhh crap!

Please please pleeeeeeeaaaaase wake up Cindy



29 mayo 2011

...el día uno

[...tengo todo por no querer más nada
y el foco se detiene en la calma morada.
regreso de soñar
y es tan beautiful, como lo pensás...
Gustavo Cerati - Beautiful]

El momento cero. Ese en el que sin dudarlo te enfundas en tu traje de valiente, te inyectas una necesaria dosis de fuerza y tomas una decisión que, probablemente, te cambia para siempre.

Ahora bien, luego de un momento cero, siempre viene un momento uno. Ese en el que el miedo te invade. Ese en el que te preguntas una y otra vez, ininterrumpidamente, "¿qué hice?". Ese en el que te cuestionas actitudes y decisiones. Ese en el que vuelves a ser un niño pequeño perdido en una tienda por departamentos en busca de la mano de tu madre.

Personalmente, considero el momento uno como el peor de todos. El miedo. El pánico. El sentimiento en la garganta. El no saber si ha valido o valdrá la pena.

Supongo que las respuestas, y el panorama completo, se van aclarando a medida que vienen los siguientes momentos. Esos en los que cobra sentido todo. Esos en los que te falta la respiración porque lloras sin saber por qué y, lo peor de todo, sin poder parar.

Ayer, después de estar mes y medio atrapada en mi momento cero, al fin llegué al momento uno. Bajé de un avión en Rotterdam, llamé a mi mamá para decirle que estaba bien. Y esperé. Esperé ese camino a la nueva casa. Y finalmente, al llegar y subir, me desplomé. Me hice un mar de lágrimas incontrolables que se escondían en una almohada que hizo el viaje conmigo. El cansancio hizo el sueño y luego unos ojos hinchados despertaron en un nuevo hogar. Nueva cama. Nuevo cuarto. Nueva vida.

La lluvia trajo al día. Salió el sol. Y poco a poco esos cambios que ayer parecían tan drásticos y tan insensibles dejaron de serlo para convertirse en una solución al trago amargo. Hoy un nuevo idioma me da la bienvenida a esa nueva vida que tanto había esperado.

Y ahora estoy en el momento dos. Sin saber exactamente cuál es.
Sigo siendo Cindy, pero... Estoy en Holanda. Vivo en Holanda.
Dejo de soñar para perseguir mi sueño. Para vivir mi sueño.
Todo lo que siempre quise, está aquí. No tengo nada y sin embargo lo tengo todo.
Mucho me falta.
Pero ya dejó de ser el día uno.


17 julio 2010

...quizás sea hora de volver a huir.

[You're half the world away
Half the world away
Half the world away
I've been lost I've been found but I don't feel down]
Oasis

Estoy acostada en el piso de mi cuarto. Mirando al techo blanco. Ha pasado ya más de una hora. Hago balance. Eso que tanto me gusta. Eso que, en los últimos días, tanto me cuesta.

Vine a España en diciembre de 2007 buscando parte de la vida que luego me tocaría vivir. Estaba clara de lo que quería. Estudiar en esa escuela. Vivir de la fotografía. Y sentirme segura en el trayecto.

A pocos días de comenzar el 2008, todo se trastocó drásticamente. Lo conocí a él. A este espécimen. Mi español. Muchas cosas pasaron a partir de ese viaje a Zaragoza. Y sin embargo, hoy me cuesta creer que ese día en que nos despedimos, ese en que lo besé con los ojos llenos de lágrimas, ese en el que lo vi partir mientras también partía yo, sería de hecho la última vez que lo vería.

Regresé a Venezuela. A medio mundo de distancia. A mi casa. A empacar lo que conocía de mi vida, para meterla en muchas cajas y traérmela de vuelta a España. A esa nueva vida que comenzó hace poco más de dos años.

Es difícil darse cuenta de lo mucho que ha cambiado todo.

Hoy extraño esas razones que me trajeron a España. Extraño los días de descubrirme en sus calles. De abrirme paso entre su gente. De sentirme lejos de su acento. Extraño buscarme en sus fotos. Extraño el recordar esas noches.

Ya no me queda nada de lo que me trajo aquí en un principio. A la escuela ya no quiero volver. De la fotografía sólo he logrado alejarme. Y él tampoco está.

A un rato de haber terminado de hacer mi balance, mi vida está tan en blanco como blanco es el techo que pasé observando los últimos minutos. Mi cuenta está en cero.

Sigo estando en España, pero me siento a medio mundo de distancia. Me he perdido y no he encontrado la manera de encontrarme. Y a estas alturas del cuento, si que me siento terriblemente confusa.

Quizás sea hora de volver a huir.

09 julio 2010

...el corazón de piedra

Tengo 7 años. Estoy en segundo grado de primaria. Visto chemise blanca y pantaloncito azul. Zapatitos negros. Cabello corto. Estamos todos en el parque. La profesora está sentada en un banquito mientras habla con otra mujer. Echa un ojo aquí y allí y luego sigue en la conversación. En este cuento somos dos. Fernando y yo. Estoy acostada boca arriba en el suelo. Fernando arrodillado a mi lado. En el bolsillito de mi chemise hay una piedra. Una piedrita del tamaño de un puño de un niño de siete años. Él la saca de allí. Y me dice que estoy lista. Que ya puedo levantarme. Lo hago. Y salgo corriendo. Él me sigue. ¡Me ha librado del corazón de piedra!

Me parece curioso cómo las personas variamos con el tiempo.

Un año después de la extracción de la piedrita, llegó Luismi a nuestro grupo. Quedé prendada de él, quizás desde el primer día del tercer grado. Y así fue hasta que terminamos el sexto. Fue mi primer noviecito y, también, mi primer beso. Me encantaba lo blanquito que era. Su cabello oscuro. La forma de sus ojos. Sus manos. Y ese olor característico del gel de cabello que le echaba su mamá.

Como estudiamos la secundaria en colegios distintos, no nos vimos por mucho tiempo. Cuando nos reencontramos ya estábamos en la universidad. Él en Ingeniería. Yo en Periodismo. Éramos los mismos y, sin embargo, ya no éramos los de siempre. Había algo que nos diferenciaba del cielo a la tierra. Y aún hoy no sé decir con exactitud qué era ese algo. Pero estaba allí. Me chocaba un tanto en lo que se había convertido. En el de las bromas sin sentido y algo insultantes. En el de los juegos de cartas y las tardes de futbolito. En el de los viernes de cerveza. En el de la chica bonita de la clase y el carro con tubo de escape estridente. Habíamos cambiado. Ya no se parecía a lo que yo había conocido de él. Mientras él se encerraba en clases de cálculo y lógicas cuadradas, yo divagaba por ensayos de literatura y libros de análisis del discurso.

Irónicamente Fernando y Luismi son primos. De pequeña, yo moría por Luismi. Ahora, cuando los años del colegio han acabado hace ya mucho tiempo, puedo asegurar que hoy en día moriría por el chico en que Fernando se ha convertido. Diseñador e ilustrador. El chico de los lentes de pasta. Del sombrero y ropa trendy. El de las conversaciones de arte. El de las historias de color. El de los viajes interesantes. En fin, alguien totalmente distinto a aquel niño de siete años con quien solía jugar.

Hoy el tiempo me golpeó con el recuerdo de esa mañana en el parque. Quizás porque debo darme cuenta de lo que era y de lo que soy. De cómo voy viajando en el tiempo. De cómo me ha cambiado lo que he estudiado y lo que me ha tocado vivir hasta ahora. De lo que me gustaba antes y lo que prefiero hoy. Porque debajo de la piel hay mucho más que huesos. Hay toda una maquinaria que, entrañablemente, te hace humano. Aunque reniegues de ella y de ello.

No sé a qué jugábamos esa mañana. Con el tiempo lo he olvidado.
...quizás es que, una vez más, necesitaría que me librasen del corazón de piedra.

08 junio 2010

...hormonal

Salgo de la oficina y ya me voy calentando. Siento una punzada en la cabeza. Y a medida que sigo pensando, la presión es mayor. Se me hace un pliegue entre las cejas. Los ojos se me ponen pequeños. Como una línea. Estoy iracunda.

Quiero mandar todo y a todos al grandísimo país de los plátanos.

A la desconsiderada que apaga el aire acondicionado de toda la planta sólo porque a ELLA le dio frío. Carajo, apaga el aire de tu oficina y déjanos al resto congelándonos si nos da la gana.

Al viejito gruñón de administración. ¿Es que apenas me ves entrar no puedes reprimir los deseos de decir "NO"? ¿Sabes, al menos, algún otro monosílabo? Para la próxima, déjame aunque sea decirte lo que necesito. Ya luego, si quieres, si te hace tan feliz, atragántate con todos los NO que me vas a responder. Pero CO ÑO, déjame preguntar. ¡Amargado!

Al idiota de la clase que lo único que sabe repetir desde que comenzamos el máster es: "son unos hijos de puta". Vale, si. Tienes razón. Ya nos hemos dado cuenta. Pero ya a estas alturas es como que tarde para hacer algo. Si lo sabías desde el principio, ¿por qué no te saliste del curso antes.? Qué ganas de incordiar al resto. Por Dios. Yo también ando harta de la escuela, del máster, de los profesores, de las fotos del "creativo", de la inepta que pregunta y pregunta y sigue preguntando sin importarle cansar a los demás tratando de ser inteligente mientras descubre ante todos su descerebrado ser. Y a pesar de sentirme así, no parezco una repetidora agonizante.

A las madres que ponen a sus hijos a orinar en plena calle, mientras les sostienen el pito, sin respetar al resto de mortales que transitamos a su lado y que tenemos que ver el espectáculo. Una de dos. O les ponen pañales hasta que aprendan a controlar sus ganas. O entran a cualquier bar para que sus niños hagan lo que tienen que hacer. Que para eso bastantes bares hay en Madrid. No voy yo por la calle bajándome los pantalones y agachándome en cualquier rincón que veo cuando me dan ganas de ir al baño. ¿Es que no tienen sentido común y respeto por el otro?

Incluso al innombrable. Por ser italiano. Por ser venezolano. Por ser y existir. Por haberme dejado como un trapo. ¡Pues más trapo serás tú! Y, en fin, a todos los hombres en general que prometen y prometen cual político y al final nunca cumplen. Porque si. Porque me da la gana de que les salpique a ustedes también hoy.

A la menstruación que me tiene hinchada, con vaporones, de mal humor, sensible y atrofiada. Termina de venir de una vez o no me jodas más la paciencia. Porque así no soy gente. Estoy hormonal. Y ya se vale.

18 mayo 2010

...apuntes imaginarios del disparate masculino

Caso V. El músico.

Sería guitarrista. Y sólo viviría por la música.

Me conquistaría tratando de pasar desapercibido. Intentando parecer menos importante que el cantante. Pero a mí eso no me alejaría. Muy al contrario, me haría ir tras él. Por sus rulos y su guitarra. Por la sonrisa encantandora. Pícara. Por la mirada. Por el comportamiento de niño malo que se viste de bueno.

Empezaríamos a salir un día cualquiera. Con citas más que casuales. Y, sobretodo, informales. Allí no habría cortejo romántico. La carroza sería calabaza desde el principio del cuento. No habría tampoco ni vestido ni hada madrina. Todo iría directo al grano. Por eso, los primeros meses serían difíciles. De adaptación. De estudiarnos el uno al otro. Y, luego de un tiempo, compaginarnos.

Yo iría a todos y cada uno de sus ensayos. Conocería a la banda. Saldría con todos., aunque desaprobaría sus influencias sobre mi chico. Mi buen chico. Iría a cualquier concierto. Por grande o pequeño que fuese. Escucharía con los ojos aguados esa canción que compondría para mí. Estaría más que orgullosa. Porque, para mí, sería el mejor del grupo. Y por mucho.

Poco a poco su carrera invadiría el terreno de la mía. Tendría que escoger. Yo, claro. Nunca él. Quizás tendría que dejar mi trabajo y mi vida para poder vivir a su lado. Trabajar por la carretera. Luego, las giras. Los conciertos. Los niños que nacen en temporadas libres o de grabación de discos. Él que llegaría tarde al hospital porque tendría una entrevista o un compromiso ineludible. Y así. Me plagaría la vida con excusas. El orgullo se convertiría, más temprano que tarde, en decepción.

Yo no aguantaría mucho. Abriría los ojos. Él, sin embargo, comenzaría a tontear con otras. E incluso podría llegar a engañarme con alguna de mis "amigas". Terminaríamos separados y sin hablarnos. Él con su fama. Y yo con mis niños.

Así que es en esta parte del sueño donde se rompe la burbuja. Antes, solía morir por los músicos. Ahora considero más prudente verlos sólo desde el público. Porque, al fin y al cabo, son lo que son. Y un guitarrista es siempre un guitarrista. Y sólo viviría por la música.

17 mayo 2010

...apuntes imaginarios del disparate masculino

Caso IV. El Fotógrafo.

Viviríamos en un ático antiguo. Con vistas panorámicas de la ciudad. Decorado con miles y miles de fotos tomadas por nosotros mismos. Llenarían cada lugar de la casa. No habría ni una pared blanca. Ni un espacio desnudo.

Retratos. Paisajes. Bodegones. E incluso alguna que otra cosa con un tinte más artístico, o creativo. Nos tapizaríamos la vida con imágenes. Con recuerdos enmarcados. Arte pura y dura. Viajes. Momentos especiales. Risas. Llantos. Cada instante revelaría su propia magia. Su poder sobre el objetivo.

Nuestras bibliotecas estarían repletas de libros. Exposición. Diafragmas. Manejo del Photoshop. Técnicas de Composición. Color. Iluminación. Fotografía de moda. El mundo del blanco y negro. Competiríamos el uno contra el otro. De forma sana. Tratando de superarnos diariamente. De aprender de ambos. Seríamos nuestros mayores orgullos. Compartiríamos toda clase de trucos y preferencias profesionales. Iríamos a exposiciones en museos y galerías. Propias y ajenas. Las recorreríamos completas. Y luego las comentaríamos con calma y ojo crítico.

En lo familiar, los retratos de nuestros hijos no tendrían comparación. Seríamos la envidia cochina de todo el edificio. Él sería mi Matt Flamhaff particular. Y yo nunca lo dejaría escapar. Estaría siempre en mi punto de mira. Él, y sólo él, sería mi objetivo.

Nuestro retrato de vida sería hermoso. Tanto como la imagen que se forma en mi cabeza mientras escribo esto.

14 mayo 2010

...apuntes imaginarios del disparate masculino

Caso III. El Periodista.

Narraría todos los eventos de la casa como si fuesen casos de relevancia nacional. Por ello, cuando hablásemos, me miraría fijamente escrutando todas y cada una de mis expresiones. Como si de una entrevista se tratara. Mi testimonial sería analizado desde cada arista posible. Descifrando cada palabra. Analizando todo mi discurso. Mi contexto. Estudiando la coherencia de toda mi alocución. Mientras tanto, tomaría apuntes certeros en alguna de sus miles de libretitas y luego haría el comentario apropiado y justo. Y, por supuesto, alguna que otra pregunta pertinente o imprescindible. Siempre mirando a los ojos. Observando gestos.

Para discutir de las decisiones trscendentales de pareja se convocaría una rueda de prensa. Pregunta y respuesta. Con un público imaginario. Pero con la seriedad característica de un periodista (eso si, sin el vaso de whisky). Y en algún momento, luego de horas y horas de acalorados debates, llegaríamos a un acuerdo. Algún punto en común.

Muy probablemente llevaría un blog, alterno a su trabajo habitual, donde escribiría anécdotas más personales. Todo con un tinte propio. Hablaría de mí. Siempre disfrazando mis defectos o virtudes tras la personalidad de otros, de personajes ficticios. Pero escribiría sobre mí, lo sé. Y yo lo leería para verme estudiada por él. Para saber cómo soy a los ojos de quien amo. Obvio, yo también escribiría de él. Sin que él lo supiera, claro. Y siempre lo haríamos el uno al lado del otro. En sillones contiguos de la misma habitación. Cada quien en sus propias letras. En su prosa. Pero compartiendo una taza de té además de esta incansable afición por la escritura.

Por las noches, bajo las sábanas, utilizaríamos la luz de la misma lamparita para leer buenos libros. Intercambiaríamos historias. Argumentos de libros. De películas. De guiones de teatro. E incluso desmenuzaríamos letras de las canciones de nuestros grupos favoritos.

Estoy segura que mi vida al lado de un periodista sería un periódico propio. Y se actualizaría minuto a minuto. Una suerte de informe semanal. O, simplemente, toda una novela.

13 mayo 2010

...apuntes imaginarios del disparate masculino

Ilustración: Germán Herrera


Caso II. El Chef.

Me conquistaría por el estómago. O, literalmente, por la panza. Y es que me veo rodando. Gorda y rodando. Salir de casa. Al ascensor. Planta cero. Poner un pie fuera del portal y comenzar a rodar cuesta abajo. Manteniendo el brazo elevado hacia el cielo para tratar de salvar las galletitas que llevaría en la mano derecha. Ciertamente feliz.

Me haría los desayunos más ricos habidos y por haber. Y me los traería a la cama. Aderezados con un beso. Panquecas. Poffertjes. Muffins. Croissants. Tostadas. Con mantequilla, mermelada y miel. Un café con leche. Espumoso como a mi me gusta. Y un vaso de jugo de naranja recién exprimido. Y al lado, una flor del jardín o, en su defecto, de la maceta del balcón, con una tarjetita que diga "Buenos días. No es un sueño."

Cada quien a lo suyo. Yo a escribir. Él a la cocina. Entre verduras, vegetales, hortalizas, frutas. Miles de sabores. Cantidad de condimentos. Un almuerzo hecho en imagen y semejanza a mi plato favorito. Eso si, siempre con un postre a la medida.

Al ver películas juntos tendríamos, de seguro, toda clase de snacks gourmet. Endulzaría mis películas rosa con algo de chocolate. Y para las de acción, pondría un toque de sal y pimienta.

Ya en la noche, antes de ir a dormir, me consentiría aún más. Con recetas sin igual, un buen vino y, por supuesto, el postre. Se me hace agua la boca. Ya no puedo ni pensar.

Los fines de semana, la punta de la nariz empolvada con un toque de azúcar glass. Y las manos a la masa. Mmmm. Postres caseros. Tortas esponjosas. Amor garantizado.

No habría centímetro que calculase el alto y ancho de mis sonrisas. Y no habría metro que pudiese medir mis curvas de Botero. Rodaría. Estoy segura que rodaría.

12 mayo 2010

...apuntes imaginarios del disparate masculino

Ilustración: Germán Herrera


Caso I. El Cartero.

Yo recibiría las cartas más románticas del mundo. En sobres de un blanco inmaculado. Con mi dirección escrita en letra impoluta y acompañada de los más vistosos e inigualables sellos que pudiesen existir. Los versos escritos sobre ese papel tan mío, y tan nuestro, serían mucho más que una serie de palabras concatenadas. Me harían suspirar, reír, llorar, imaginar. Sentir.

Tonta como soy, lo esperaría cada mañana frente al buzón para recibir los sobres de su propia mano. Y devolverle un "gracias" con una gran sonrisa. Y por las noches, lo esperaría en el sillón para que me leyese con voz profunda y clara todas esas letras de emociones complejas.

Sin dudarlo, me abalanzaría sobre él. Y me abrazaría. Cerraría mi cuerpo con las mismas manos que convertirían en magia el simple hecho de abrir un sobre. Porque en ese sobre estaría mi nombre.

10 abril 2010

...Adictos Anónimos

Hola. Mi nombre es Cindy Engberts. Y soy Adicta.

Nunca pensé que podría confesarlo tan abiertamente. Sin embargo, en los últimos años he desarrollado un sentido del absurdo que me hace soltar a bocajarro todos los defectos que conviven en mí diariamente. Critico y me critico. Observo y me observo. Me burlo de ella, de él, de aquellos, de nosotros, de mí.

Hoy vengo a declararme culpable. Soy adicta. Con cada una de sus letras. Con todo el sentido y la carga que conlleva.

Soy adicta al orden mental y escrito. Debo mantener ordenado el continuo paso del tiempo. Amo los calendarios y las agendas. Muero si no apunto todo. Lo más absurdo. Lo imprescindible. La costumbre rara del qué esperar de cada día. Lo que haré. La cuenta regresiva de lo que falta. La planificación del tiempo. Si. Es un poco bizarro. La vida se consume tan rápido como un fósforo. Los días arrasan con todo a su paso. Y mientras algunos prefieren mirar al futuro recordando de vez en cuando al pasado, yo vivo recontando el paso de los días y el camino de mi vida.

Soy adicta a las compras. Puedo vivir austeramente. Sé administrarme y llevar las cuentas de forma justa y práctica. Pero las tiendas me vuelven loca. La ropa. Los zapatos. Las carteras. Soy adicta a irme de tiendas. Es mi terapia. Algunas prefieren un spa donde las consientan con masajes de barro o de chocolate, en baños de sauna o con tratamientos de belleza. Yo no. Yo soy más barata. Yo me conformo con recorrerme mil tiendas y comprarme al menos una camiseta o alguna baratija que me guste. Las rebajas son mi fuerte. Eso si, aún con una economía ajustada y controlada, soy adicta a llevar una bolsa en la mano.

Soy adicta a los libros. Me encanta coleccionarlos. Los saco de los estantes. Observo la portada. Leo la contraportada. A veces el prólogo. Cuando no me miran, abro el libro por la mitad y pego la nariz a las páginas. Inhalo. Exhalo. Amo su aroma. A primeras lo que me llama la atención es la portada. Si me gusta, la mayor parte de la venta ya está hecha. Luego me los devoro. Puedo leer entre dos y cinco libros por semana. Vivo sus historias como si me las estuviesen tatuando en el cuerpo. Las siento. Las río. Las sufro.

Por último, pero no menos importante, debo decir que soy adicta a los cuadernillos. Tengo millones. Unicolores. De flores. A rayas. Enormes. Pequeños. De todo tipo. En mi mesa de noche siempre hay uno. Típico que cuando sufro de insomnio me pongo a pensar en mil tonterías de las cuales luego salen las cosas que escribo. El comienzo de una historia. El recuerdo de un momento. Las palabras justas. Las frases precisas. Lo inconcluso que luego se materializa por ésta vía. Y, de vez en cuando, algún dibujo. O, como diría germanh "algún mono".

Y así como éstas, tengo alguna que otra fijación más que me hace pertenecer al club de los Adictos Anónimos. Tengo la tarjeta de miembro. La fecha del baile está apuntada en mi agenda. El conjunto perfecto guardado en el armario. La descripción del evento en aquel libro de allá. Y la historia inconclusa que habita en las páginas de alguno de mis cuadernillos, con seguridad terminará reflejada por este monitor.

Este es sólo el primer paso.
Mi nombre es Cindy Engberts. Y soy adicta.

27 marzo 2010

...ni con fusta

...los que me gustan no gustan de mi.
...los que gustan de mi no me gustan.
...quien me gusta, me gusta.
...y quien no me gusta no va a la misa ni con fusta.

...pero quienes me gustan no están.

17 marzo 2010

...y el galán aprende a contar de nuevo.

Te veo venir. Ya me viene tu historia a la mente. Me la sé de memoria. La he escuchado una que otra vez. Es la misma sin importar el continente. No, tampoco importa el físico. Qué babosada.

Te acercas. Miras como quien no quiere la cosa. Te aferras a tu trago. Sorbes una vez. Te haces el loco. Miras de nuevo. Planificas la estrategia. Dos sorbos más. Arrugas la cara. El trago está fuerte. Pero ¿mejor así no? Después de todo es lo único que te hace sentir valiente.

Yo te veo. allí parado. Tan inepto como siempre. Tan idiota como puedes serlo. Tan borracho como esté de vacío tu vaso. Huelo tu calaña desde lejos. A mí no me engañas. Veo tus torpes pasos hacía mí. Siento pena por ti. Tanto buscar el coraje para nada. Para lograr tan poco. Para volver con las manos vacías y un gran dolor de cabeza. Quizás si fuese otra noche tendrías más suerte. Quizás si cambiases de local tendrías más suerte. Quizás si yo fuese de esas de minifalda, tacones de vértigo y escote brutal, tendrías más suerte. Pero no es así.

Babosada número uno. No has caído aquí por casualidad. No venías de paso. No has tropezado de golpe. No venías por ningún trago. Sé que llevas media hora a cinco centímetros de aquí. Oliendo lo que digo. Escuchando lo que bebo.

Babosada número dos. No me creo eso de que soy la más guapa del local. No me interesa tampoco. No me importa tu nombre. Ni qué haces. Ni si tienes carro o no. Realmente no me provoca hablar contigo. La estoy pasando bien sin ti. Aquí con mi amiga. Aquí sola. Sin ti.

Babosada número tres. No intentes hacerte el gracioso. No soy mexicana. Tienes razón. Descubriste el agua tibia: no soy morena. Pero tampoco tengo que darte explicaciones al respecto. No estoy de humor.

Babosada número cuatro. Odio la política. No es un tema de conversación adecuado para las circunstancias. Mucho menos algo agradable para conversar en un lugar como éste. Salí de mi país por la política. Pero eso es problema mío. Nada de tu incumbencia. No te interesa saberlo. No me interesa decírtelo.

Babosada número cinco. La escena final. Vete con tus ojos de cordero para otra parte. No te voy a dar mi nombre. No obtendrás mi teléfono. Aléjate en busca de una mejor candidata. Déjame tranquila en mi rincón. Con mi amiga. Tú estás de sobra.

El ataque se redirecciona.
El GPS apunta nuevas coordenadas de ubicación.
Minifalda, tacones de vértigo y escote brutal
Y el galán aprende a contar de nuevo.

...se reserva el derecho de admisión

[...al imaginario masculino y, sobretodo, colectivo]

Me reservo mi derecho de admisión. Ese que me otorgó el planeta cuando era una semilla y estaba en la panza de mi madre. Ese que como ser humano me corresponde. Ese que me da el derecho de pensar y decidir qué acepto y qué no.

Me reservo mi derecho de hablarte. O no.
Me reservo mi derecho de escribirte. O no.
Me reservo mi derecho de llamarte. O no.
Me reservo mi derecho de salir contigo. O no.

En fin, que me reservo todos mis derechos. Tengo el poder de controlarlos. Te guste o no. Me reservo el derecho de ser mujer y no querer sentirme como una prostituta a la que llamas sólo cuando tienes necesidades. Me reservo el derecho de ser infantil e inmadura cuando quiera serlo. Después de todo es lógico que tenga mis momentos de malcriadez. Me reservo el derecho de alejarme si me acosas. De molestarme si me escribes y me despiertas en la madrugada con cosas que no me interesan en lo absoluto. Me reservo mi derecho de pensar y sentir lo que se me venga en gana.

Y por sobre todas las cosas me reservo mi derecho a elegir con quien quiero, y con quien no, estar.

Porque aún conservo mi derecho a desear ser amada. A ser la chica de alguien. A que me respeten. A que me den de comer. A que me lleven al cine. A que me saquen de fiesta. O de paseo. O de viaje. A que me inviten un helado. A que me dibujen. A que me regalen un libro. A que me llamen. A que me escriban cosas bonitas. Y también me reservo mi derecho a necesitar un hombro en el cual llorar. A querer alguien que me escuche (aunque no me entienda).

Me reservo todos mis derechos porque me los merezco. Porque los valgo. Y no pienso dejarlos a un lado, más nunca, por más nadie.

Me reservo mi derecho de admisión.
Y punto final.

07 marzo 2010

...25 horas

Vaya día más raro.
Tenía tiempo sin divertirme tanto.
Debería salir más de vez en cuando.

Suena el despertador. 8:30 am. No hay remedio. Levantarse. Vestirse. Desayunar algo rápido. Coger el bus. Y a clase. Es sábado. ¡Cómo me gustaría quedarme durmiendo hasta tarde como cualquier otro mortal! Primero el futuro. Luego el descanso. A pelear con las "conjuncties". Nadat. Voornat. No puedo más. Las 12:00. Hora de irse. Llueve. Camino rápido. Bus a casa. Maletín con ropa. A casa de mamá. Almorzamos. Hacemos la compra del súper. Hablamos un rato. Mamá volea la copa de vino. A lavar el mantel. Llamo a Gemma. Quedamos a las 21:30 en Gran Vía. Son ya las 20:00. Debo ir a casa. Sino no llego.

Bus 28. En casa. 20:40. Me baño. Me maquillo. Me visto. Mensaje de Gemma. No llega. Va tarde. No sé por qué no me sorprende. Reviso mi mail. El facebook. El flickr. Nada nuevo. Son casi las 22. Bus de nuevo. Sol. Camino a Gran Vía. Espero. Gemma llega. Nos vamos a comer montaditos con cañas. Salimos. "Disculpa, ¿sabes por dónde se llega a la Sala Sol?" Nos perdemos yendo al toque. Llegamos a la mitad. Saltamos. Brincamos. Gritamos. Fotos aquí. Fotos allá. Una cerveza caliente. As-co. Mejor Coca cola. Conversamos. Gente por todos lados. Se llena el barco. Nos vamos.

El grupo se va desperdigando. Quedamos sólo cuatro. Vamos a Alonso Martínez. Damos la vuelta del tonto. Son las 2.45 am. Llegamos. Sin pies, pero llegamos. Muertos, pero llegamos. Cierran a las 3. Joder. Cubata y de vuelta a la calle. Toda Fuencarral. De nuevo a la Sala Sol. El lugar revienta. No podemos pasar. Rumbo a Elástika. Hay cola. Tampoco pasamos. A la Plaza Santa Ana. Un garito. Y otro. Y otro.

En este nos quedamos. Son las 4. Pero hasta las 6 no cierran. Bebemos. Algún borracho pregunta mi nombre. "Caperu", le responde Vanessa. No lo cree. Yo tampoco, me río y sigo el juego. Se va. Bailamos. Cantamos. Encienden las luces. De nuevo a la calle. Llueve. ¿Al After Hours? Vale! Caminamos más. No sentimos ya los pies. El dolor sube hasta las rodillas. Hace frío. Estamos en 0º o cerca. Llegamos a Ópera. Es aquí. Las chicas no pagan. ¿Por qué todo el mundo lleva audífonos y bailan? No hay música. Es el nuevo boom de los locales. Nos ponemos los audífonos. House o electrónica. La decisión es simple. "Thriller" en electrónico. Bailamos. Conversamos. Bebemos.

No soy de Mexico. Idiota. ¿Qué parte del "soy venezolana" no entendiste? No. No soy chavista. Si lo fuera no estaría aquí. Si, Chavéz también viene aquí pero de vacaciones. No. No soy Chavista. No me gusta la política. Y no es un tema para hablar en una discoteca a las 6 de la mañana. Menos contigo. Me aburro. Adiós.

Seguimos bailando. Joder. Me duelen los pies. Ya los siento. Y duelen mucho. Tengo sueño. 23 horas y muchos minutos sin dormir. Me muero. Quiero mi cama. Un baño y mi cama. Son las 8. Vamos. De nuevo al ruedo. Metro. Bus. A casa de mi mamá. Mi ducha. Si, una ducha caliente. Quitarme la mugre, el humo, el maquillaje. Me come el sueño.

25 horas sin dormir.
Ya es hora.
A la cama.

03 marzo 2010

...inventario de la desesperación - La secuela

Hoy son 20.

1.- Gestor de siniestros multiriesgos - 4h por las mañanas
2.- Asistente de RRPP
3.- Responsable de Comunicación
4.- Asistente de Marketing
5.- Recepcionista con inglés. Sustitución
6.- Copywriter nativo de Venezuela
7.- Product Manager Belleza y Moda
8.- Assistant junior de Marketing con inglés
9.- Secretaria administrativa con inglés
10.- Secretaria para Full Fiction Spots
11.- Recepcionista con inglés
12.- Recepcionista con inglés
13.- Ayudante de Coordinación
14.- Secretaria Administrativa inglés alto de 14 a 18h
15.- Secretaria con inglés en Madrid de 14 a 18h
16.- Dependientas para tiendas de Adolfo Dominguez
17.- Recepcionista bilingüe inglés mañanas
18.- Ayudante de Recepción en hotel 5*
19.- Communications Costumers Liaison
20.- Agente de Lost & Found en Aeropuerto de Madrid

+ un correo a un profesor, quien me contesta lo siguiente: "Hola Cindy, aunque la situación no está nada fácil si me entero de algo te lo haré saber. Besos y ánimo"

Esto es una maravilla!

01 marzo 2010

...inventario de la desesperación

Tres modelos de cartas de presentación. Currículum Vitae con foto, sin foto, en español, en inglés. En dos horas (quizás más, quizás menos), me he inscrito en 19 ofertas de empleo.

¿El recital? A continuación:

1.- Gestor telefónico (Soporte técnico). De 00h a 08h - Lunes a Domingo
2.- Futuro azafata/o de vuelo
3.- Recepcionista (en una Agencia de Viajes)
4.- Camareros/as extra para bodas
5.- Personal de Equipo para cines del Centro Comercial Plenilunio
6.- Recepcionistas de Hoteles 3 y 4 *
7.- Teleoperador con Idiomas (Inglés/Francés/Alemán)
8.- Recepcionista de un Rent a Car en el Aeropuerto
9.- Recepcionista del mismo Rent a Car en el Centro de Madrid
10.- Vendedor/a 40h semanales para Tommy Hilfiger
11.- Ayudante de dependiente zona Centro para el Grupo Cortefiel
12.- Secretary for Wall Street Institute
13.- Dependiente/a Zara y Massimo Dutti
14.- Atención a clientes (con inglés y otro idioma) para Multinacional de Telecomunicaciones
15.- Segunda encargada para Oysho
16.- Customer Representative / English Market / American Express
17.- 2º Encargado para Pepe Jeans
18.- Encargada o Dependienta para tienda del sector textil
19.- 2º Encargado para Tommy Hilfiger en CC de zona norte de Madrid

Algunos están bien. Muchos apestan. Lo sé. Pero la desesperación tiene colmillos largos y trata de echarle dientes a lo que sea.

¿La realidad? Cuentas fijas por pagar. El piso y los servicios que conlleva. El crédito del máster. Mi abono del Metro. Y la compra mensual del súper... porque algo tendré que comer ¿no?